8 abr. 2019

Presentación VIII Jornadas La Revolución Delirante



Con la emoción aún de nuestro encuentro, queremos compartir la emocionante presentación de las Jornadas que acabamos de disfrutar. La firman tres de las polillas más jóvenes: Jessica Molina, Irene Abad y David González.
Aprovechamos para agradeceros la ilusión, fuerza, crítica y ganas de cambio que nos habéis hecho respirar estos dos días. 
Ponentes y participantes, habéis sido una inyección de fuerza para seguir adelante.

Sabemos que mucha gente se ha quedado fuera, algo que lamentamos profundamente, por lo que prometemos ampliar aforo para la siguiente edición.

Gracias de nuevo.
Un fuerte abrazo.
A por ellos,

Las polillas organizadoras



Presentación VIII Jornadas La Revolución Delirante
Valladolid, 5 de abril de 2019


Hola a todos y todas, bienvenidas a las VIII jornadas de la Revolución Delirante.

Para las que estamos en esta mesa es nuestra primera vez organizándolas y nos ha tocado hacer esta breve presentación. Es un orgullo para nosotras formar parte de este movimiento que entendemos que sigue manteniendo, 8 años después de su nacimiento, la misma vigencia y necesidad que el primer día. Recogemos el testigo de grandes profesionales que han sido y siguen siendo un referente para nosotras, que tanto con su discurso como con su ejemplo nos han animado día a día a reflexionar críticamente sobre nuestra profesión y a desvelar los elementos de violencia que la institución oculta y normaliza, y que es necesario cuestionar permanentemente.

Ellas siempre nos han enseñado que antes del tratamiento está el trato. Y eso no puede quedarse solo en una frase bonita.  Es lo que buscamos, lo que exigimos, lo que debería ser. Creemos en una psiquitatría diferente, pero no solo eso, en un mundo diferente. Porque no es posible desarrollar a nivel global una psiquiatría que tenga en cuenta a las personas en una sociedad en la que los individuos son valorados en función de su productividad y en la que se alienta la individualidad más feroz y la pérdida de todos los vínculos que nos sostienen en la salud. Actualmente (y en realidad desde su nacimiento) la psiquiatría actúa como un mercenario de este régimen, medicalizando el sufrimiento que éste produce al mismo tiempo que lo transforma en beneficios millonarios en forma de pastillas e inyectables, vigilando los cuerpos y las mentes, prescribiendo la normalidad y sus límites. Se nos quiere hacer creer que los manicomios ya se han cerrado, pero en cierta manera siguen más presentes que nunca, solo que han cambiado unos muros por otros: ahora hechos de palabras, diagnósticos y neurolépticos. No nos tragamos las pretendidas nuevas psiquiatrías que, con la excusa de lo asertivo-comunitario, tienen a las pacientes más vigiladas que nunca, con una preocupante proliferación de unidades, residencias, viviendas tuteladas… que funcionan como dispositivos foucaultianos de control, vigilancia y castigo, panópticos del siglo XXI.

El rechazo a este sistema neomanicomial es lo que nos une año tras año en estas jornadas. Sabemos que, como profesionales, somos cómplices de este sistema y precisamente por eso es importante dirigir la mirada al interior, a nuestra propia práctica, y no sólo a instancias lejanas en cuya crítica muchas veces nos acomodamos en un discurso derrotista que en cierta medida nos elude de la responsabilidad que nos toca. Por eso este año hemos decido cambiar el planteamiento habitual y pasar de la teoría a la práctica, que las palabras no se queden aquí sino que surtan efecto en la vida de las personas que acuden a nosotras. Por ello, como sabéis, después de esta presentación nos dividiremos en seis grupos de trabajo, en cada uno de los cuales reflexionaremos sobre distintas realidades que atraviesan el campo de la salud mental, dando cuenta de la interseccionalidad irreductible de los sistemas de opresión, entre el que se encuentra el que ejercemos contra las personas con sufrimiento psíquico o, como lo llama un habitual de estas jornadas, el cuerdismo. Cada uno de estos grupos está identificado con un color que se corresponde con las chapas que os hemos entregado en la entrada.

Así, las polillas moradas hablarán sobre feminismo, porque nunca ha sido lo mismo estar loca que estar loco, porque nos siguen llamando locas del coño cuando nos comportamos de forma insumisa al sistema heteropatriarcal, histéricas cuando incomodamos al psiquiatra machito de turno. Porque la revolución será feminista o no será. Las polillas naranjas hablarán sobre las familias porque, aunque sabemos que éste es uno de los ámbitos donde se ejercen y reproducen todas las violencias del sistema, también es uno de los pocos lugares seguros que resisten en el individualismo asolador que promueve el neoliberalismo, uno de los últimos refugios que nos queda. Porque la revolución incluirá y transformará a las familias, o no será. Las polillas verdes hablarán sobre farmacología crítica, porque es necesario deconstruir el discurso biológico que identifica sufrimiento con enfermedad y curación con fármaco, sin renunciar a los beneficios que estos puedan producir, pero sin convertirlos en el centro de nuestra práctica. Porque la revolución será antibiologicista o no será. Las polillas amarillas hablarán sobre contenciones, simplemente porque la tortura no es tolerable y la revolución respetará los derechos humanos o no será. Las polillas azules hablarán sobre lenguaje, porque sabemos que las palabras hacen cosas, pueden encadenar y pueden liberar, pueden aliviar pero también hacer sufrir, son poderosas y un campo de batalla que debemos disputar. Porque la revolución cambiará el discurso o no será. Finalmente, las polillas rojas hablarán sobre cómo queremos organizarnos para conseguir todo esto, porque la revolución o la hacemos nosotras (profesionales y pacientes) o no será.

Por la tarde, y después de una pausa para comer, tendrá lugar nuestro particular estadío del espejo, la mesa en la que las supervivientes de nuestras prácticas nos dan las lecciones de las que (al menos nosotras) más hemos aprendido en todas las ediciones de estas jornadas. Lecciones que nos sacan los colores, nos sacuden la mente y nos hieren en ese orgullo narcisista tan peligroso y tan difícil de mantener deshinchado, hay que hacer cierto desmantelamiento, una Inspección Técnica de Egos, al menos, anual. Hay quien no soporta esta herida narcisista y dice que somos muy exageradas, histéricas y charlatanas, libertinas radicales, peligrosas bolcheviques. Y menos mal que lo dicen, porque triste revolución la que no abre heridas. Triste el feminismo que no incomoda a los hombres, triste la revuelta que no provoca al menos una sombra de miedo en los patrones, triste el orgullo que no pone nerviosos a los cisheteros. Triste delirio si deja indiferente a los cuerdos y su policía. Y esos somos nosotros, a veces se nos olvida. Que no somos las protagonistas de esta revolución, sino el enemigo a derribar. Somos, como mucho, cómplices, topos, infiltradas, espías, saboteadoras, ludditas de la maquinaria psiquiátrica. Así que toca callarse y escuchar las voces de las que escuchan voces. Porque la revolución será delirante o no será.

Pero tranquilas, no todo va a ser sufrimiento. Hoy es viernes y sabemos que las polillas somos seres nocturnos, más aún cuando nos juntamos en enjambre. Este año, por problemas de organización, no tenemos un local fijo donde reunirnos por la noche, pero podréis vernos revolotear alrededor de unos tragos si vais por la zona de la catedral o la plaza de cantarranas, nuestro hábitat natural también el resto del año y donde estáis invitadísimas a compartir con nosotras risas y algo de locura. Porque si no se puede bailar, no es nuestra revolución.

Por último, al día siguiente y esperamos que sin mucha resaca, nos juntaremos aquí de nuevo las polillas de todos los colores para poner en común lo hablado, elaborado, trabajado y sentido el día anterior, intentando trazar una cartografía que guíe nuestros pasos, una estrategia para librar las batallas que están por venir, un conjuro para convocar a las brujas que aún no están aquí y construir entre todas un aquelarre global. A ver si así la herida de la que hemos hablado crece y se hace grieta en el muro, temblor en el manicomio, fallo en el dispositivo, error en la matrix.

La revolución ha comenzado. ¡Viva la revolución!

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