16 may. 2020

Crónica del manicomio – Miedo o melancolía



Alguien ha calificado de melancólicas las calles vacías durante el mes de abril. No estoy muy de acuerdo. Aunque lógicamente en esta valoración juega lo que cada uno entienda por melancolía y su particular sensibilidad al respecto.
Yo, por mi cuenta, a la melancolía siempre le pongo una miaja de ruina y una brizna de antigüedad. Y esos días las calles desiertas de Valladolid no tenían nada de eso. Estaban totalmente presentes y cargadas de realidad. Sólo tenían extrañeza, soledad y una inexplicable detención del tiempo que daba miedo. Pasear por ellas era como nadar en altamar.
Para resaltar la diferencia lo puedo comparar con una imagen plenamente melancólica de la ciudad. Por ejemplo, con la curiosidad de oír desde los barrios el pitido del tren a lo lejos, tal y como sucedía hace bastantes años. Se escuchaba los días de lluvia, cuando soplaba aire del Sur. Paseabas por la Plaza Mayor y de repente sonaba con toda claridad el largo lamento de una locomotora de vapor o la disnea agobiante de una máquina a punto de arrancar. Anunciaban que alguien llegaba o se marchaba en la Estación del Norte, siguiendo esa huella inquietante de infinito que dibujan los raíles en el suelo. Un silbido triste, pero cargado de ilusión o añoranza, te sorprendía junto a las tiendas y los portales del centro. Va a llover, te anunciaba enseguida algún peatón experto. Pues el mundo está lleno de sabios que conocen todo con antelación suficiente.
La melancolía es un acompañante fiel pero el miedo es mal compañero y peor consejero. Todos los vicios y desmanes de las personas provienen del miedo. Con miedo, el otro es una amenaza que nos escruta y nos dedica su escarnio en cada momento. Ante el miedo los amigos no son un bien natural sino una suerte de recluta social para defendernos. Las calles de abril eran calles de miedo. No se veía a nadie, pero se sabía que algunos habitantes estaban ocultos y te observaban al pasar, como cuando llegas a un poblacho solitario de Castilla y observas que los visillos de las ventanas se mueven en silencio. Nadie te podía ayudar, en el supuesto de que lo echaras de menos o lo llegaras incluso a implorar. 
En el libro de Jean Delemeau sobre ‘El miedo en Occidente’, se habla del miedo al hereje, a Satán, al Anticristo, al Juicio Final, pero también y en lugar destacado se nombra la peste, la epidemia periódica y reincidente. Y aquí la tenemos entre nosotros, pero ahora con carácter universal: se acerca por Oriente, por Occidente, con el austro o con el viento septentrional. Por donde quiera que mires puede llegar. Su amenaza, además, tiene algo particular, como lo es que su peligro no se centre en alguien concreto sino que se extiende a cualquiera que se acerque. Hasta los amigos nos pueden enfermar. Todos somos hipotéticos contagiosos, caminantes ataviados con una mascarilla que quita el miedo tanto como lo da.


Fernando Colina
Norte de Castilla
15.5.20

9 may. 2020

Crónica del manicomio – El cascabel




La suspensión de las competiciones deportivas, con motivo del intrépido virus-2020, ha impulsado como sustituto un juego general en el que participan miles de compatriotas con un entusiasmo adolescente. El juego se llama ‘Ponle el cascabel al gato’ y arrasa en las redes sociales, en los medios y en la poca calle que disfrutamos.
En esta época de video-juegos frenéticos hemos descubierto, según creo, un sustituto perfecto. Un juego que tiene los mismos alicientes de entretenimiento pero que se practica en espacio real y tiempo concreto. Consiste en aprovechar la incertidumbre sobre la maldad, la resistencia y el alcance de ese semianimal que nos infecta, para sacar pecho y convertirnos cada uno en una suerte de intendente general que subordina al resto. Cada cual se cree con el derecho a vocear y proponer sin vuelta de hoja la solución idónea para evitar la propagación de la enfermedad y la ruina consecuente. Sin embargo, este proceder no cursa de modo directo, sino que sigue la conocida estrategia del tobogán. Se anuncia a grandes gritos, se concreta luego con más peros y reparos de los que cabía esperar, y finalmente se delega su aplicación para que sea otro quien corra el peligro de acercarse al michino y ponerle el cascabel en su lugar. 
En este juego gatuno todo el mundo sabe lo que hay que hacer y todos corrigen airadamente al que ordena y lleva el mando, pero curiosamente, a la hora de la verdad, todos obedecen, olvidan el griterío inicial y corren a cumplir lo que se les dice. Incluso se quejan de que haya incumplidores que, guiados por el aluvión de dudas y críticas que han esparcido, les hayan creído por demás. 
Me dicen que en otros países este juego felino está prohibido o sencillamente no distrae ni despierta ningún atractivo. No creo mucho en estas diferencias nacionales. La presunción de que hacemos gala no me parece una cuestión mediterránea, latina o peninsular, sino un reflejo de la más universal de las realidades humanas: la tontería y la vanidad.
En medio de este juego, hay quien avanza que la pandemia es una buena ocasión para cambiar las cosas y retornar a un viejo ideal. Podemos darlo por bueno, como sucede con cualquier fantasía inesperada, pero para creer en esta posibilidad necesitamos ver que se aborda ya con otros argumentos, otros gestos y hasta otras caras. Y de momento vemos la misma actitud, los mismos nervios y semejante codicia. La medicina antigua valoraba la crisis de un enfermo como una bifurcación donde se elegía el camino de la muerte o el premio de la curación. Las crisis no eran malas en sí mismas. Algunas ayudaban a corregir y a mejorar los defectos. De momento, para orientarnos sobre el resultado final de la nuestra, sólo disponemos del video-juego referido y, salpicado de cuando en cuando, algún ejemplo extraordinario de sensatez y valor.


Fernando Colina
Norte de Castilla
8.5.20




5 may. 2020

Crónica del manicomio – La proximidad



Sucede a veces que, de improviso, algunas palabras corrientes adquieren un protagonismo especial. La de ‘proximidad’ en estos momentos se impone, nos rodea y nos proporciona en su interior una suerte de confinamiento verbal. Desde hace varias semanas todo trascurre en proximidad. 
En este ambiente de estrecha cercanía muchos se encuentran como pez en el agua, y disfrutan teniendo a la gente cerca y yendo por la vida en grupo para combatir la amenaza siempre presente de soledad. Otros, en cambio, viven horrorizados bajo la presión y el peligro de sentir a los próximos tan cerca de continuo, como si, bastante antes que lo pueda hacer el virus anóxico, ya les faltara el aire para respirar. Algunos, incluso, seguro que sueñan con infectarse para por fin escapar de casa y cambiar de aires, aunque sea bajo el oxígeno de un hospital. Hasta ese punto lo exige su agobio y ese pellizco autodestructivo que todos guardamos en la faltriquera mental.
La función de proximidad va a ser un parámetro importante en el registro de la convivencia futura. De momento, divide a la gente con un criterio inédito. Unos, los llamados convivientes –palabra también rescatada del desuso–, viven con derecho a contacto y a una métrica corta y epidérmica. El resto, los sinvivientes –palabra desconocida, pero por otra parte exacta–, permanecen a uno o dos metros de distancia. Las consecuencias de este espaciamiento bimétrico, en caso de que se prolongue mucho, no sólo está llamado a modificar nuestros hábitos sociales sino que se proyectará también en la intimidad, en el corazón de cada uno. En el libro de la vida la piel es nuestra página principal, y sin que los demás la tienten será difícil incluirlos en nuestra novela personal. Sin tacto no hay escritura, pues nadie escribe sobre nosotros, y sin escritura no hay intimidad real. Sin tacto no hay amor, suscribieron los antiguos. Qué hayan de ser los amigos a uno o dos metros, eso está por ver. No hay precedentes en que nos podamos apoyar. 
Si el nuevo juego de proximidad y distancia ha de tener importancia en el trato con las gentes, también tendrá su reflejo en nuestra relación con la realidad. Las grandes distancias puede que queden reducidas a la realidad virtual, y las cortas a la realidad material. La globalización se desarrollará probablemente con instrumentos digitales, algoritmos y visión empantallada, mientras que los desplazamientos físicos de los individuos, sea por ocio, por trabajo o por simple capricho, lo harán bajo un criterio de proximidad. La movilidad será más contenida y escasa. Volverá a ser absurdo coger el avión para ir a todas partes o dar la vuelta al mundo confinados en el casco de un navío. Amigos de proximidad, comercio de proximidad, viajes de proximidad. Esta es la cantinela que ya nos empiezan a facturar y que pronto despertará nuestras ansias de tener y comprar.

Fernando Colina 
Norte de Castilla
                                                                                                                            1.5.20

22 abr. 2020

Editorial La Revolución Delirante




Tras bastantes meses sin actividad en este blog, las polillas nos disponemos a reactivar este espacio de comunicación y encuentro.

Empezamos hoy, con el anuncio de la reciente creación de nuestra pequeña editorial La Revolución Delirante. Este proyecto es heredero de los distintos encuentros de formación que hemos ido teniendo en los últimos años con muchas personas interesadas en la psiquiatría crítica. 

Pretendemos facilitar el acceso a conocimientos independientes, de calidad y que ayuden a los profesionales de la salud mental –y todos los ciudadanos interesados– a formarse con rigurosidad,  plantearse preguntas y alejarse de los dogmas teóricos que encierran y homogeneizan los distintos modos de ser de las personas por el simple hecho de sufrir.

En este orden de cosas, contamos ya con dos libros publicados, de los que damos cuenta mediante esta entrada. Esperemos verlos pronto en las librerías. Esperemos que os gusten. Esperemos poder entrar pronto en las librerías.

Un abrazo, polillas



Foucaultiana, Fernando Colina, 
Editorial La Revolución Delirante, 2019.



La obra de Michel Foucault (1926–1984) gravita sobre la concepción y las prácticas de la psiquiatría. En este libro se estudia su pensamiento y su repercusión en tres dominios de la salud mental: la locura, la sexualidad y la subjetividad.
Estudioso de la historia de la locura, crítico del poder psiquiátrico, avanzado exponente de las nuevas sexualidades e investigador pionero de la historia de la subjetividad, su influencia es notoria y creciente en el seno de la psiquiatría crítica.
Figura controvertida, su estímulo transgresor y provocador ha oficiado como una inspiración constante para quienes, ante todo, conciben la disciplina como un proyecto de emancipación y libertad.




La Reforma Psiquiátrica, Manuel Desviat, 
Editorial La Revolución Delirante, 2020.




Este libro recogía, en su primera edición de 1994, los orígenes, intenciones y aportaciones estratégicas de la Reforma Psiquiátrica española. Se añadían, además, datos relevantes de experiencias antimanicomiales y comunitarias de otros países. 
La revisión actual permite añadir el recorrido de estos últimos veinticinco años. El autor se ve obligado, entonces, a reflexionar con más recorrido sobre los límites de la citada Reforma, sus éxitos, sus fracasos y las nuevas encrucijadas que han ido surgiendo.
La Reforma Psiquiátrica es una lectura que puede ayudar en el debate actual sobre la salud mental comunitaria, las fórmulas de asistencia que se diseñan desde las instituciones y la continuidad de la atención. Se hace imprescindible pensar sobre ello, máxime en un sistema sanitario y social tan amenazado por intereses gremiales y privatizadores.








8 abr. 2019

Presentación VIII Jornadas La Revolución Delirante



Con la emoción aún de nuestro encuentro, queremos compartir la emocionante presentación de las Jornadas que acabamos de disfrutar. La firman tres de las polillas más jóvenes: Jessica Molina, Irene Abad y David González.
Aprovechamos para agradeceros la ilusión, fuerza, crítica y ganas de cambio que nos habéis hecho respirar estos dos días. 
Ponentes y participantes, habéis sido una inyección de fuerza para seguir adelante.

Sabemos que mucha gente se ha quedado fuera, algo que lamentamos profundamente, por lo que prometemos ampliar aforo para la siguiente edición.

Gracias de nuevo.
Un fuerte abrazo.
A por ellos,

Las polillas organizadoras



Presentación VIII Jornadas La Revolución Delirante
Valladolid, 5 de abril de 2019


Hola a todos y todas, bienvenidas a las VIII jornadas de la Revolución Delirante.

Para las que estamos en esta mesa es nuestra primera vez organizándolas y nos ha tocado hacer esta breve presentación. Es un orgullo para nosotras formar parte de este movimiento que entendemos que sigue manteniendo, 8 años después de su nacimiento, la misma vigencia y necesidad que el primer día. Recogemos el testigo de grandes profesionales que han sido y siguen siendo un referente para nosotras, que tanto con su discurso como con su ejemplo nos han animado día a día a reflexionar críticamente sobre nuestra profesión y a desvelar los elementos de violencia que la institución oculta y normaliza, y que es necesario cuestionar permanentemente.

Ellas siempre nos han enseñado que antes del tratamiento está el trato. Y eso no puede quedarse solo en una frase bonita.  Es lo que buscamos, lo que exigimos, lo que debería ser. Creemos en una psiquitatría diferente, pero no solo eso, en un mundo diferente. Porque no es posible desarrollar a nivel global una psiquiatría que tenga en cuenta a las personas en una sociedad en la que los individuos son valorados en función de su productividad y en la que se alienta la individualidad más feroz y la pérdida de todos los vínculos que nos sostienen en la salud. Actualmente (y en realidad desde su nacimiento) la psiquiatría actúa como un mercenario de este régimen, medicalizando el sufrimiento que éste produce al mismo tiempo que lo transforma en beneficios millonarios en forma de pastillas e inyectables, vigilando los cuerpos y las mentes, prescribiendo la normalidad y sus límites. Se nos quiere hacer creer que los manicomios ya se han cerrado, pero en cierta manera siguen más presentes que nunca, solo que han cambiado unos muros por otros: ahora hechos de palabras, diagnósticos y neurolépticos. No nos tragamos las pretendidas nuevas psiquiatrías que, con la excusa de lo asertivo-comunitario, tienen a las pacientes más vigiladas que nunca, con una preocupante proliferación de unidades, residencias, viviendas tuteladas… que funcionan como dispositivos foucaultianos de control, vigilancia y castigo, panópticos del siglo XXI.

El rechazo a este sistema neomanicomial es lo que nos une año tras año en estas jornadas. Sabemos que, como profesionales, somos cómplices de este sistema y precisamente por eso es importante dirigir la mirada al interior, a nuestra propia práctica, y no sólo a instancias lejanas en cuya crítica muchas veces nos acomodamos en un discurso derrotista que en cierta medida nos elude de la responsabilidad que nos toca. Por eso este año hemos decido cambiar el planteamiento habitual y pasar de la teoría a la práctica, que las palabras no se queden aquí sino que surtan efecto en la vida de las personas que acuden a nosotras. Por ello, como sabéis, después de esta presentación nos dividiremos en seis grupos de trabajo, en cada uno de los cuales reflexionaremos sobre distintas realidades que atraviesan el campo de la salud mental, dando cuenta de la interseccionalidad irreductible de los sistemas de opresión, entre el que se encuentra el que ejercemos contra las personas con sufrimiento psíquico o, como lo llama un habitual de estas jornadas, el cuerdismo. Cada uno de estos grupos está identificado con un color que se corresponde con las chapas que os hemos entregado en la entrada.

Así, las polillas moradas hablarán sobre feminismo, porque nunca ha sido lo mismo estar loca que estar loco, porque nos siguen llamando locas del coño cuando nos comportamos de forma insumisa al sistema heteropatriarcal, histéricas cuando incomodamos al psiquiatra machito de turno. Porque la revolución será feminista o no será. Las polillas naranjas hablarán sobre las familias porque, aunque sabemos que éste es uno de los ámbitos donde se ejercen y reproducen todas las violencias del sistema, también es uno de los pocos lugares seguros que resisten en el individualismo asolador que promueve el neoliberalismo, uno de los últimos refugios que nos queda. Porque la revolución incluirá y transformará a las familias, o no será. Las polillas verdes hablarán sobre farmacología crítica, porque es necesario deconstruir el discurso biológico que identifica sufrimiento con enfermedad y curación con fármaco, sin renunciar a los beneficios que estos puedan producir, pero sin convertirlos en el centro de nuestra práctica. Porque la revolución será antibiologicista o no será. Las polillas amarillas hablarán sobre contenciones, simplemente porque la tortura no es tolerable y la revolución respetará los derechos humanos o no será. Las polillas azules hablarán sobre lenguaje, porque sabemos que las palabras hacen cosas, pueden encadenar y pueden liberar, pueden aliviar pero también hacer sufrir, son poderosas y un campo de batalla que debemos disputar. Porque la revolución cambiará el discurso o no será. Finalmente, las polillas rojas hablarán sobre cómo queremos organizarnos para conseguir todo esto, porque la revolución o la hacemos nosotras (profesionales y pacientes) o no será.

Por la tarde, y después de una pausa para comer, tendrá lugar nuestro particular estadío del espejo, la mesa en la que las supervivientes de nuestras prácticas nos dan las lecciones de las que (al menos nosotras) más hemos aprendido en todas las ediciones de estas jornadas. Lecciones que nos sacan los colores, nos sacuden la mente y nos hieren en ese orgullo narcisista tan peligroso y tan difícil de mantener deshinchado, hay que hacer cierto desmantelamiento, una Inspección Técnica de Egos, al menos, anual. Hay quien no soporta esta herida narcisista y dice que somos muy exageradas, histéricas y charlatanas, libertinas radicales, peligrosas bolcheviques. Y menos mal que lo dicen, porque triste revolución la que no abre heridas. Triste el feminismo que no incomoda a los hombres, triste la revuelta que no provoca al menos una sombra de miedo en los patrones, triste el orgullo que no pone nerviosos a los cisheteros. Triste delirio si deja indiferente a los cuerdos y su policía. Y esos somos nosotros, a veces se nos olvida. Que no somos las protagonistas de esta revolución, sino el enemigo a derribar. Somos, como mucho, cómplices, topos, infiltradas, espías, saboteadoras, ludditas de la maquinaria psiquiátrica. Así que toca callarse y escuchar las voces de las que escuchan voces. Porque la revolución será delirante o no será.

Pero tranquilas, no todo va a ser sufrimiento. Hoy es viernes y sabemos que las polillas somos seres nocturnos, más aún cuando nos juntamos en enjambre. Este año, por problemas de organización, no tenemos un local fijo donde reunirnos por la noche, pero podréis vernos revolotear alrededor de unos tragos si vais por la zona de la catedral o la plaza de cantarranas, nuestro hábitat natural también el resto del año y donde estáis invitadísimas a compartir con nosotras risas y algo de locura. Porque si no se puede bailar, no es nuestra revolución.

Por último, al día siguiente y esperamos que sin mucha resaca, nos juntaremos aquí de nuevo las polillas de todos los colores para poner en común lo hablado, elaborado, trabajado y sentido el día anterior, intentando trazar una cartografía que guíe nuestros pasos, una estrategia para librar las batallas que están por venir, un conjuro para convocar a las brujas que aún no están aquí y construir entre todas un aquelarre global. A ver si así la herida de la que hemos hablado crece y se hace grieta en el muro, temblor en el manicomio, fallo en el dispositivo, error en la matrix.

La revolución ha comenzado. ¡Viva la revolución!

13 ene. 2019

Pido perdón – Crónica del manicomio




Sacar conclusiones pesimistas del trabajo que ha ocupado tu vida puede resultar superfluo. Eso sin descartar la posibilidad de que, cuando son negativas, como las que manejo, se convierta en algo inoportuno y hasta un tanto sospechoso. Es difícil justificar no haberlas esgrimido antes, en vez de hacerlo ahora, cuando ya no tiene remedio. En mi descargo cabe recurrir a la idea de que lleva tiempo alejarse de las cosas para poder observarlas desde lejos. 
Visto con el cristal de aumento que proporciona el tiempo, lo primero que observo es la obligación de pedir perdón a todos los pacientes que he atendido e intentado ayudar a los largo de los años. Especialmente a aquellos más graves, más locos o más ajenos a la realidad convencional. Primero, por tratarlos muchas veces como enfermos, sin darme cuenta, a su debido tiempo, que no eran más que personas que habían tenido una subjetivación precaria, una construcción de su identidad frágil y delicada. En vez de considerarlos como ciudadanos que repentinamente han cogido una enfermedad, como quien se coge una pulmonía o una neuralgia, tenía que haberlos enjuiciado simplemente como sujetos con dificultades para vivir que, a lo sumo, necesitaban acompañamiento técnico y cierto tipo de amistad profesional.
En segundo lugar, me cabe pedir perdón por no haber advertido que lo más complicado es no hacer daño cuando clasificamos a los locos, los medicamos o, mal que nos pese, los internamos. El conocido aforismo acerca de que lo primero es no dañar, en nuestro campo es lo primero, lo segundo, lo tercero y hasta lo cuarto. Con un psicótico lo más delicado es no hacerle daño. Incluso cabe decir que no hay que hacer nada más. Tarea tan compleja, aunque invisible, que hay que llegar a retirarse para caer en la cuenta de su exclusiva importancia y de su dificultad. De hecho, creo que sólo puedes reconocerlo cuando ya no tienes ocasión de estropearlo. Al menos ese es mi caso.
Es triste, aunque contiene algún elemento sublime, que la experiencia profesional se reduzca a esto. Pero me cabe el consuelo, un tanto paradójico, de que todas aquellas veces en que fallé como médico tradicional, buscando la etiología y la clínica de una supuesta enfermedad mental, fue el momento en que mejor enfoqué la realidad. La vida tiene, cuando le viene en gana, concesiones contradictorias, como lo es el hecho de que uno acierte cuando falla más.
En cualquier caso, estas explicaciones que nadie me ha pedido, son conclusiones intempestivas, sin destinatario conocido, que sólo repercuten en uno mismo. Al final de ‘El guardián entre el centeno’, Salinger pone en boca de su protagonista, Holden Caulfield, una recomendación subyugante: «No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo». Yo no debería haber contado esto.


Fernando Colina
Crónica del manicomio
Norte de Castilla
1201–2019

29 ene. 2018

He tenido un sueño - Crónica del Manicomio



"I have a dream."
Martin Luther King Jr.

He tenido un sueño. Soñé con que los funcionarios de la Psiquiatría ya trabajaban sin necesidad de diagnosticar la locura. Entendían el sufrimiento mental de los hombres, en especial el más intenso y profundo, sin pensar en enfermedades y sin utilizar esos sucedáneos, solo en apariencia inocuos, que son los síntomas, los síndromes o los trastornos.
Soñé que los profesionales de la salud mental conocían a sus pacientes mediante clasificaciones que catalogaban personas y no enfermedades, como se hace habitualmente con los amigos, los parientes, los políticos o los obreros. Y hacían porque aspiraban a comprenderlos, no porque se tratara de portadores de enfermedades mentales que necesitaban ser codificados, rebautizados e inscritos en los registros de parias y hombres enloquecidos. Y soñé que daban ese paso decisivo imprescindible para el buen hacer terapéutico, al reconocer, definitivamente, que las cadenas de la locura ya no eran las correas de los manicomios, ni las contenciones de los hospitales, ni los pisos asilares, sino los efectos tiránicos de los discursos técnicos.
En mi sueño se ayudaba a las personas a superar su sufrimiento, que es lo que necesitan, sin obligarlas a salir de los despachos con un diagnóstico entre las manos. Los profesionales habían comprendido al fin, que diagnosticar a los sufridores, a las víctimas de Dionisio o a los más infelices, era como colgarles un sambenito inquisitorial cosido a sus ropas, con el que debían pasear, acudir al médico y presentarse en sociedad cuando no les quedaba otro remedio. Todo transcurría en un tiempo en que los propios afectados exigían, de pleno derecho, que no se les diagnosticara, que se suprimiera la endiablada obligación de hacerlo entre psicólogos y médicos. Entre facultativos que, dicho sea de paso, parecían disfrutar con el encargo, como si con ello su profesión se sintiera legitimada y ellos mismos obtuviera con esa potestad la impresión de estar completos.
Soñé que, por todos estos cambios, pronto nadie creería ya que los psicóticos fueran seres enfermos, sino que los considerarían, más bien, como un conjunto de hombres singulares, como un grupo de sujetos igual que tantos otros, pero nunca más como un atajo de pacientes. 
Soñé y desperté a las puertas de un prólogo. En el preámbulo de un gran cambio, cuando todos los hombres convivirán sin separarse, dividirse y discriminarse. Entonces se volverá casi imposible diferenciar locura y cordura, los psiquiatras serán amigos de los locos y harán las paces entre ellos mismos. En esta tierra prometida, es seguro que ya no habrá más incapacitaciones, ni tratamientos involuntarios, ni electrochoques, ni psicoeducación. Y es probable que, cuando recuerden su pasado, sientan vergüenza por lo sucedido.

Fernando Colina
Crónica del manicomio
Norte de Castilla
20-01-2018

28 mar. 2017

Asociación Caleidoscopio, Valladolid


Os adjuntamos el texto de presentación de la «Asociación Caleidoscopio», pionera en el movimiento independiente de usuarios de salud mental en Castilla y León.



La asociación Caleidoscopio, asociación formada única y exclusivamente por usuarios con algún tipo de malestar psíquico, fue establecida como tal, hará ahora, aproximadamente un año, y es la única en Castilla y León conformada, como ya se ha dicho, solamente por usuarios de éste colectivo.
La idea de constituirla surgió por primera vez entre las bambalinas de Radio Nacional de España por parte del programa “Fuera de la Jaula” y del Centro de Intervención Comunitaria, nos lo sugirieron a los miembros del mismo. Igualmente, miembros de la asociación “La Revolución Delirante” nos ayudan en este laborioso comienzo.
Desde su nacimiento y hasta ahora el principal cometido de Caleidoscopio, ya que todavía estamos empezando, es como está estipulado en sus estatutos, el Apoyo Mutuo, labor que entendemos, es y debe ser el pilar fundamental desde donde se erijan y florezcan las futuras acciones y actividades de nuestra asociación.
Igualmente, y aunque sea de sentido común, también y al mismo tiempo son base  primordial, además de norma en Caleidoscopio, la educación, el respeto, y las buenas formas entre los miembros, independientemente de su sexo, raza, religión,edad, orientación sexual, estrato social, lugar de origen, nivel cultural o cualquier otro aspecto que pueda ser suceptible de discriminación y/o causante de malestar en la persona y en sus múltiples y diversos aspectos como tal.
Ahondando en el aspecto del Apoyo Mutuo, queremos enfatizar que entendemos, que el hecho de estar o haber pasado por experiencias muy similares, aún teniendo en cuenta la generalidad de éstas, da un punto de comprensión, que sin por supuesto, desdeñar otros puntos de vista y entendimientos no ajenos al malestar psíquico, es, como ya decíamos antes, pilar imprescindible para la ayuda tanto del prójimo como de uno mismo.
Otro punto a destacar en nuestro ideario es la divulgación de la información respecto a la salud mental, para que se pueda comprender sin miedos ni prejuicios la realidad de esta, y además incidir activamente en la prevención del malestar psíquico.
También, desde Caleidoscopio, queremos defender :
-        Calidad de vida (intervención de Carlos sobre este tema en la charla)
-        Establecer un debate entre el uso de las medicaciones
-        Potenciar la autonomía
-        Entender que el hecho de fundar y gestionar esta asociación nos valida y legitima ante nosotros mismos y los demás, que por nosotros mismos y sin intermediarios, podemos llevar a cabo proyectos y, por supuesto, las riendas de nuestra vida para conseguir objetivos.
-        Proteger la privacidad del paciente y la dignidad personal.

No queremos terminar esta pequeña presentación sin antes daros las más sinceras gracias de parte de todos los miembros que formamos Caleidoscopio.


Contacto: caleidoscopiovalladolid@gmail.com


10 dic. 2016

Programas Fuera de la Jaula



Ya que muchos nos lo habéis pedido, os dejamos el enlace de RNE para escuchar los últimos programas emitidos de "Fuera de la Jaula", un espacio independiente de personas con malestar psíquico que reivindica sus diferencias, derechos y singularidades. 
Muchos de sus integrantes han pasado al activismo asociativo conformando la primera asociación de usuarios que hay en Castilla y León: Asociación Caleidoscopio.

El programa se emite al inicio del informativo de las 13h, cada dos jueves, en RNE 5 Castilla y León. Puede ser escuchado en "RNE A la Carta" en cualquier momento.

Ahí va el enlace:

http://www.rtve.es/alacarta/audios/informativo-de-castilla-y-leon/

Para que se mantenga actualizado, recomendamos poner en la caja de búsqueda por título "fuera de la jaula". Así se seleccionan sólo los informativos que lo contienen.


No podemos sino recomendar su escucha. Es un espacio de calidad que hace pensar.

A por ellos.

13 nov. 2016

Todos a tratamiento, Crónica del manicomio, por Fernando Colina




¿Hasta cuándo vamos a seguir callados? ¿Qué tiene que pasar para que los profesionales dejen de ser adoctrinados por las farmacéuticas? ¿Por qué cada vez más personas que trabajan en Salud Mental se sienten orgullosos cada vez que hacen ondear la bandera de la "evidencia"? ¿Por qué no frenamos el positivismo que anula la clínica y silencia la locura? ¿Qué nos pasa?

Ahí va otra joya de Colina. De las que nos devuelven al lamento.


Todos a tratamiento


Un cuento de Machado de Assis, ‘El alienista’, publicado por entregas en un diario brasileño, hace ya muchos años, en 1882, es una cómica alegoría de los tiempos modernos.
El protagonista de la obra, el Dr. Simón Bacamarte, después de cursar los estudios de Medicina en Coimbra y Padua, regresa a su villa de Itaguaí dispuesto a construir un edificio donde ingresar a todos los dementes de la ciudad. Hombre de Ciencia y sólo de Ciencia, nada le consternaba tanto, escribe Machado, como la Ciencia misma, hasta el punto que decide estudiar profundamente la locura para clasificar sus casos, descubrir sus recónditas causas y dar finalmente con su remedio.
El hecho no llamaría nuestra atención si no fuera porque el celo científico de nuestro protagonista, fanático del progreso y de la razón, le arrastró a cobijar bajo sus cuidados nada menos que a la mitad de la población. Tan grotesco acabó siendo su ‘furor sanandi’ que, tras separar a los internados en  siete clases diagnósticas, a saber, molestos, tolerantes, verídicos, leales, magnánimos, sagaces y sinceros, concluyó ingresándose a sí mismo para someterse a tratamiento.
Salvando las lógicas distancias históricas, y si sustituimos la Casa de Orates por los tratamientos psicofarmacológicos, el posible paralelismo con ciertos excesos actuales despierta nuestro interés. Pues llama la atención que, guiados por una voluptuosidad científica comparable a la de Simón Bacamarte, los servicios de salud mental, en colaboración con los de atención primaria y con la buena disposición de amplias capas de la sociedad, hayan conseguido un consumo de tranquilizantes, antidepresivos y estimulantes que se ha convertido en una auténtica drogadicción. Simón Bacamarte se frotaría las manos si supiera que el uso de antidepresivos ha pasado de comprometer a 100 personas por millón en 1980, a 100.000 por millón en esta década, lo que le acerca a su anhelada mitad del censo. Y esto por no hablar de hipnóticos y ansiolíticos, cuya prescripción se aproxima aún más a los ideales del alienista brasileño quien, de este modo, encarna a la perfección la secreta alianza que une, en todos los tiempos y todas las ramas, la vocación ciega y furibunda con los males profesionales.
Para más inri, el celo prescriptor se ha abatido cruelmente sobre la infancia, que es alimentada hoy en día con estimulantes en cuanto da muestras de agitación, nerviosismo o intranquilidad, que son reacciones naturales y propias de los pocos años que hoy se viven como una anormalidad. En vez de analizar si algún desajuste del entorno lo fomenta o lo causa, se prefiere recurrir a la píldora que propone la Ciencia como solución ideal. Si Simón Bacamarte hubiera podido conocer el número de niños que están tratados con anfetaminas y diagnosticados de trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDH), vería cumplido su insólito sueño sin necesidad de encerrar a nadie.

Fernando Colina
12.11.16