10 oct 2020

El Contramanifiesto en el Día de la Salud Mental

 



Hoy, día 10 de octubre, es la fecha establecida como el Día de la Salud Mental. Probablemente cuando abras twitter, instagram o incluso veas las noticias encontrarás numerosos eslóganes en relación con este campo, el cual está muy de moda. Este auge del interés por la Salud Mental parece estar impulsado por intereses no inocentes de la industria farmacéutica, que opera a través de las instituciones de salud. 

 

Contra la corriente, venimos a intentar desmentir algunos de estos mitos:

 

Mito nº 1.  “La salud mental es como la salud física.” 

 

Ya el mero uso del término “salud mental” implica una equiparación más o menos explícita entre los “trastornos mentales” y las enfermedades del cuerpo. Esto es problemático, ya que por un lado patologiza las vivencias y experiencias de las personas diagnosticadas, y por otro oculta la existencia de criterios políticos, económicos y sociales en la clasificación de las personas como cuerdas o locas, bajo el pretexto de unos supuestos criterios científicos/médicos/biológicos. Este modo de actuar se conoce como naturalización, y se ha empleado en numerosas ocasiones durante la historia de la humanidad para justificar el mantenimiento de medidas de segregación, control y discriminación frente a grupos oprimidos.

 

Mito nº 2.  “No soy bipolar, tengo trastorno bipolar.” 

 

Por lo comentado en el punto anterior, tampoco estamos de acuerdo con que las personas “tengan” “enfermedades mentales” como quien tiene diabetes, hipertensión o cáncer. Por supuesto, una persona es mucho más que su diagnóstico, pero las experiencias vitales que los profesionales de la salud mental diagnostican como síntomas son parte integral de esa persona y no un mero parásito a extirpar por un tercero. Afirmar lo contrario supone anular la agencia de las diagnosticadas sobre sus propios problemas y condenarlas a la pasividad ante su propia vida.

 

Mito nº 3.  “La proliferación de pisos tutelados, miniresidencias y otros espacios habitacionales institucionalizados siempre es positiva e integradora.” 

 

Los antiguos manicomios se cerraron, pero sólo para sustituirlos por otros distintos, más sutiles. Los regímenes de viviendas tuteladas y otros programas similares muchas veces no funcionan como un dispositivo de verdadera integración en la comunidad, sino más bien como una red de vigilancia panóptica, que permite a su vez un control y una ingerencia vital de precisión casi quirúrgica.

 

Mito nº 4.  “Todo el mundo necesita ir a terapia. La ayuda de profesionales siempre es positiva.”

 

Cada vez es más frecuente oir a personas recomendar el asistir a terapia como solución a todos los problemas. Sin perjuicio de la ayuda que esto pueda proporcionar a muchas personas, pensamos que ciertos problemas no deberían solucionarse únicamente en la terapia sino en sus causas primeras, que en muchas ocasiones se corresponden con situaciones de explotación laboral, pobreza y marginación que requerirían un abordaje político. Además, la entrada al sistema psiquiátrico en algunas ocasiones, lejos de ayudar, supone una institucionalización y psiquiatrización de la que resulta muy difícil escapar.

 

Mito nº 5.  “El profesional es el que sabe, así que debes hacerle caso a todo lo que te diga.” 

 

Cada experiencia subjetiva es única y sólamente quien la experimenta conoce completamente todas sus implicaciones. No existen expertos en cómo se debe vivir la vida. El papel de la profesional ha de ser siempre más cercano al acompañamiento que a la guía y a la escucha que al mandato. 

 

Mito nº 6.  “La minusvalía y la dependencia son dos instrumentos útiles para la autonomía.” 

 

Aunque la paradoja es evidente ya en los propios términos, es cierto que para muchas personas únicamente estos ingresos son los que les proporcionan el sustento. Sin embargo, creemos que estos conceptos parten de una concepción del valor de las personas basado únicamente en su capacidad productiva, propio de la sociedad capitalista en la que vivimos. Para nosotras todo el mundo debería tener garantizadas las condiciones necesarias para una vida digna. Además, la adjudicación de estos términos a una persona puede provocarle a la larga prejuicios en otras áreas y pérdida de derechos civiles, así como la perpetuación en el rol de enferma. Por último, la supuesta “inclusión laboral” que se fomenta, muchas veces no es más que una tapadera por parte de las empresas para la contratación de mano de obra (aún más) barata.

 

Mito nº 7.  “La psiquiatría ha avanzado mucho. Ahora tenemos evidencias.” 

 

Pese a que cada poco tiempo aparece en la prensa, tanto científica como no especializada, el descubrimiento del gen de X trastorno mental o del fármaco que lo curará definitivamente, lo cierto es que las causas biológicas de los sufrimientos psíquicos, de haberlas, siguen siendo tan impenetrables como hace un siglo. Detrás de estas supuestas certezas la mayoría de las veces se encuentran intereses de la industria. Sin embargo lo cierto es que las clasificaciones de trastornos mentales (todas ellas) se fundamentan en constructos basados en consensos de supuestos expertos, y no en realidades naturales preexistentes.


 

Rechazamos la unformidad de los días institucionales.

Luchamos por el orgullo de lo diverso.

 

Las polillas.