21 ago 2020

Conferencia Paul B. Preciado – 49ªJornadas École de la Cause Freudienne

 




Os queremos trasladar este magnífico texto. Una conferencia que marca un antes y un después en la historia de nuestra profesión y que muchos recordaremos siempre. 
Esta conferencia de Paul B. Preciado -un acontecimiento necesario, merecido y oportuno dirigido a algunas de las cabezas que presuponen sobre los demás–, no está dejando a nadie indiferente. Algunos están respondiendo enfurecidos, otros han sacado la bandera de lo binario y la agitan como si se tratara de una bandera blanca, otros tantos se hacen los sordos -niegan, reprimen o desplazan su discurso-, pero nadie puede oponerse a la idea de que se ha lanzado hábilmente un dardo hacia los cimientos de los discursos normativos que  sostienen nuestra profesión.

Ocurrió el 17 de noviembre de 2019. En París. En las 49ª Jornadas de la Causa Freudiana. Tituladas Femmes en Psychanalise. No podemos estar más agradecidas a los que invitaron a Preciado, pero imaginamos que no todo el mundo pensó igual desde su butaca.

El texto aún no se ha publicado. El que sigue corresponde a una transcripción al español de Manuel Murillo, Jorge Reitter –magnífico Edipo Gay, por cierto– y Agustina Saubidet desde el video https://www.youtube.com/watch?v=vqNJbZR_QZ4&t=378s , y ha sido revisado por Nicolás Cerruti. Nuestros colegas argentinos han hecho un trabajo magnífico que creemos debe ser difundido.

En todo caso, llegan noticias de que podremos tenerlo impreso y ampliado en español por la editorial Anagrama bajo el título "Yo soy el monstruo que os habla. Informe para una Academia de psicoanalistas".  Ya circula la edición francesa. Esperamos ese momento con hambre y sed. Con las ganas de volver a leerle, a pensar con él, a atrevernos a zarandear el discurso binario que juzga, explica y etiqueta. 

Lo diverso se abre paso. Y está dejando que veamos un paisaje en que la libertad vence sobre lo performativo. Una nueva epistemología a construir. Una antigua que vencer. Ni hombre/mujer, ni homosexual/heterosexual, ni loco/cuerdo. 
Señoras, señores y todos aquellos que no sean señoras ni señores, lean y disfruten. O siéntase un poco incómodos, que tampoco viene mal.


***

    Buen día, queridas damas, queridos caballeros, de la Escuela de psicoanalistas de Francia, damas y caballeros de la Escuela de la Causa freudiana, y no sé si vale la pena que diga también buen día a todos aquellos que no son ni damas ni caballeros, porque creo que no hay entre ustedes alguien que haya renunciado legal y públicamente a la diferencia sexual y que haya sido aceptado como psicoanalista (…), después de haber logrado exitosamente el pase. Hablo aquí de un psicoanalista trans o no binario que haya sido admitido entre ustedes. Si existe, permítanme enviar a ese mutante, inmediatamente, el saludo más caluroso.

[En español] También quiero saludar aquí a todos los psicoanalistas hispanohablantes de América Latina y de España. Señoras, señores, y sobre todo otros, aquellos que no son ni señoras ni señores.

[Vuelve al francés] En 1917, Franz Kafka escribe Informe para una Academia. El narrador del texto es un mono que, después de haber aprendido los lenguajes humanos, se presenta frente a una Academia de las más altas autoridades científicas para explicarles lo que la evolución humana había representado para él.

El mono, que se llama Pedro el Rojo, cuenta cómo fue capturado por una expedición de caza organizada por el circo Hagenbeck, cómo fue a continuación transportado a Europa y cómo luego logró convertirse en un hombre.


    Pedro el Rojo cuenta cómo aprendió los lenguajes humanos y cómo, para hacerlo, y entrar en la sociedad de la Europa de su tiempo, tuvo que olvidar su vida de mono y volverse alcohólico.

Pero lo más interesante, en el monólogo de Pedro el Rojo, es que Kafka no presenta su historia de humanización como una historia de liberación, sino más bien como una crítica del humanismo europeo.

Una vez capturados, los monos, dicen que no había otra opción más que, o bien morir en una jaula, o bien vivir pasando a la jaula de la subjetividad humana; y es, a partir de esta nueva jaula de la humanidad, que se dirige a la Academiacientífica.

Como el mono Pedro el Rojo se dirigió a la Academia de científicos, me dirijo hoy a ustedes, académicos del psicoanálisis, desde mi jaula de hombre transexual. Mi cuerpo, marcado por el discurso médico y jurídico como transexual, caracterizado en la mayor parte de vuestros diagnósticos psicoanalíticos como sujeto de metamorfosis imposible, según vuestro colega Pierre-Henri Castel; estando, según la mayor parte de sus teorías, más allá de la neurosis, en el borde o incluso en el interior de la psicosis; teniendo, según ustedes, una incapacidad de resolver correctamente un complejo de Edipo, o habiendo sucumbido a la envidia del pene. Me dirijo a ustedes, como un mono humano de una nueva era.

Yo, en tanto que cuerpo trans, en tanto que cuerpo no binario, al que ni la medicina, ni el derecho, ni el psicoanálisis, ni la psiquiatría reconocen el derecho de hablar ni la posibilidad de producir un discurso uniforme de conocimiento sobre mí mismo; aprendí, como Pedro el Rojo, el lenguaje del patriarcado colonial, vuestra lengua. Estoy acá para dirigirme a ustedes.

Dirán que recurro a un cuento kafkiano para empezar a hablarles, pero vuestro coloquio me parece más próximo de la época del autor de La metamorfosis que de la nuestra.

Ustedes organizan un encuentro para hablar de las mujeres en psicoanálisis en 2019 como si todavía estuviéramos en 1917, y como si ese tipo particular de animal, que ustedes llaman de forma condescendiente y naturalizada “mujer”, no tuviera siempre un reconocimiento pleno en tanto que sujeto político; como si ella fuera un anexo o una nota en pie de página, una criatura extraña y exótica entre las flores, sobre la cual hay que reflexionar de tanto en tanto, en un coloquio en mesa redonda. Más bien, habría que organizar un encuentro sobre hombres blancos heterosexuales y burgueses, en psicoanálisis.

El discurso psicoanalítico gira en torno del poder discursivo y político de ese tipo de animal necropolítico que ustedes tienden a confundir con el humano universal, y que es, al menos hasta el presente, el sujeto de la enunciación central en el discurso de las instituciones psicoanalíticas de la modernidad colonial.

No tengo, ya lo ven, gran cosa que decir sobre las mujeres en psicoanálisis, sino que yo también soy, como Pedro el Rojo, un fugitivo, que yo también fui, un día, una mujer en psicoanálisis; que me asignaron un sexo femenino, y como el mono mutante, también salí de esa jaula apretada, tal vez para entrar en otra jaula; pero al menos, esta vez, por mis propios pies.

Les hablo, hoy, desde esa jaula elegida y rediseñada, del hombre trans, del cuerpo de género no binario. Una jaula política que es, en todo caso, mejor que la de los hombres o la de las mujeres, porque al menos reconoce su estatuto de jaula.

Quisiera transmitirles hoy al menos tres ideas, si ustedes me lo permiten. Con la extraña libertad de hablarles desde una posición discursiva imposible; pues en tanto que en tránsito, en tanto que cuerpo de género no binario, mutante de una humanidad binaria y colonial que ustedes representan, he consagrado toda mi vida a estudiar los diferentes tipos de jaulas donde los humanos se encierran.

En primer lugar, me gustaría decirles que el régimen de la diferencia sexual, con el cual trabaja el psicoanálisis, no es ni una naturaleza ni un orden simbólico, sino una epistemología política del cuerpo, y, como tal, es histórica y cambiante.

En segundo lugar, quisiera informarles, en caso de que no lo sepan, que esta epistemología binaria y jerárquica está en crisis a partir 1940. No solamente a causa de la respuesta ejercida por los movimientos políticos de minorías disidentes, sino también por la aparición de nuevos datos morfológicos, cromosómicos y bio-químicos, que vuelven imposible la atribución sexual binaria.

En tercer lugar, me gustaría decirles que, agitada por estos profundos cambios, la epistemología de la diferencia sexual está en mutación, y va a ceder lugar, probablemente durante los próximos diez o veinte años, a una nueva epistemología.

El movimiento trans-feminista, queer, de denuncia de la violencia hétero-patriarcal, pero también las nuevas prácticas de filiación, de relación amorosa, de identificación de género, del deseo, de la sexualidad, de la nominación, no son más que indicios de esta mutación.

De cara a esta transformación epistemológica en curso ustedes tendrán que decidir, señoras y señores psicoanalistas de Francia, de América Latina, de Europa, del mundo. Lo que van a tener que decidir es lo que van a hacer: ¿dónde se van a ubicar?, ¿en qué jaula quieren estar/ser [être] encerrados?, ¿cómo van a jugar sus cartas discursivas y clínicas, en un proceso tan importante como este?

Es más, les pido algunos minutos de atención, si ustedes pueden aún, escuchar aún, al género no binario, y concederle un potencial de razón y de verdad.

En primer lugar, señoras y señores y otros, el régimen de la diferencia sexual que ustedes conocen y consideran como universal, y cuasi metafísico, sobre los que se apoyan y se articulan todas las teorías psicoanalíticas, no es una realidad empírica ni un orden simbólico fundador del inconsciente. No es más que una epistemología del viviente, una cartografía anatómica, una economía política del cuerpo y una gestión colectiva de esta energía reproductiva.

Se trata de una epistemología histórica que se construye en relación con una taxonomía racial, tanto como del desarrollo mercantil y colonial europeo, y que se cristaliza en la segunda mitad del siglo XIX.

Esta epistemología, lejos de ser la representación de una realidad, es una máquina performativa que produce y legitima un orden político y económico específico: el patriarcado hétero-colonial. Antes del siglo XIX, el cuerpo y la subjetividad femenina no eran reconocidos como sujetos políticos. La mujer y las mujeres no existían ni anatómicamente, ni políticamente, como subjetividad soberana antes del siglo XIX.

En el régimen patriarcal, anterior al siglo XIX, sólo el cuerpo masculino y la sexualidad masculina eran reconocidos como soberanos. El cuerpo femenino y la sexualidad eran subalternos, dependientes y minoritarios.

Es interesante pensar que el psicoanálisis freudiano, como teoría del aparato psíquico, como práctica clínica, aparece precisamente en el momento donde se cristalizan las nociones centrales de la epistemología de la diferencia sexual: el hombre y la mujer definidos como anatómicamente diferentes y complementarios por su potencia reproductiva, como figuras potencialmente paternales y maternales, respectivamente, en la institución familiar, colonial, burguesa; pero también la heterosexualidad y la homosexualidad pensadas como normal y patológica, respectivamente.

El psicoanálisis, visto desde el ángulo de la historia del cuerpo abyecto, de la historia del monstruo de la sexualidad normativa, y la ciencia del inconsciente, patriarcal y colonial. Les pido, por favor, no intenten negar la complejidad… perdón, la complicidad… y la complejidad, las dos, si ustedes quieren… la complejidad, así como la complicidad, del psicoanálisis con la epistemología de la diferencia sexual heteronormativa. Les ofrezco la posibilidad de una terapia política de vuestra institución. [Aplausos]


Gracias.


Pero este proceso no puede hacerse sin un análisis exhaustivo de estos presupuestos. No los refoulent pas, no los nieguen, no los repriman, no los desplacen. No me digan que la diferencia sexual no es crucial en la explicación de la estructura del aparato psíquico en psicoanálisis.

Todo el edificio freudiano está pensado a partir de la posición de la masculinidad patriarcal del cuerpo masculino, heterosexual, entendido como un pene eréctil, penetrante y eyaculante. Es por eso que las mujeres en psicoanálisis, esos animales extraños entre las flores, con útero reproductivo y clítoris, son siempre y todavía un problema. Es por esto que ustedes tienen necesitad, todavía, al principio del siglo XIX, de una jornada para hablar de las mujeres en psicoanálisis. [Aplausos]

Pero no me digan que la institución psicoanalítica no ha considerado, y no considera aun, la homosexualidad como una desviación en relación a la norma. De lo contrario, ¿cómo explicar que hasta hace muy poco no había psicoanalistas pudiéndose públicamente identificar como homosexuales? Les pregunto: ¿cuántos de ustedes se definen hoy, incluso acá mismo, en esta Escuela de la Causa freudiana, públicamente, como psicoanalista homosexual? [Silencio… seguido de aplausos]

Yo no fuerzo al develamiento de posiciones subjetivas privadas [risas]… de todas maneras, veo que ustedes no lo hacen [risas], quizás no haya, no haya para nada.

Lo que les pido es el reconocimiento de una posición de enunciación política, en un régimen de poder hétero-patriarcal y colonial.

Contrariamente a lo que piensa el psicoanálisis, no creo que la heterosexualidad sea una práctica sexual o una identidad sexual. Pienso que es más bien un régimen político que ha reducido la totalidad del cuerpo humano, viviente, y su energía psíquica, a un potencial reproductor; una posición de poder discursiva e institucional.

Los psicoanalistas son epistemológicamente y políticamente aún binarios y heterosexuales, hasta que lo contrario sea dicho o denunciado. Y hemos tenido hoy acá la prueba.

Yo no les pido a los psicoanalistas homosexuales salir del closet –incluso si piensas que eso te haría bien [risas]–; son los psicoanalistas heterosexuales en ustedes, la totalidad de esta sala, los que deben salir urgentemente del closet de lanorma.

El psicoanálisis freudiano comenzó a funcionar hacia finales del siglo XIX, como una tecnología de gestión del aparato psíquico, encerrado en la epistemología patriarcal, colonial, de la diferencia sexual. No hay intento en el psicoanálisis freudiano de superar esta epistemología, sino más bien de inventar una tecnología, un conjunto de prácticas discursivas y terapéuticas que permiten normalizar las posiciones de hombres y mujeres, y sus identificaciones sexuales y coloniales dominantes (…).

En esta epistemología hegemónica los sujetos patriarcales, coloniales, modernos, utilizan la mayor parte de su energía psíquica para producir solidaridad normativa.  Angustia, alucinación, melancolía, depresión, disociación, opacidad, repetición, no son más que los costos generados para el mantenimiento de esta epistemología normativa. La psicología no es una crítica de esta epistemología dominante, sino más bien la terapia necesaria para que el sujeto patriarcal-colonial continúe funcionando, a pesar de los costos psíquicos enormes de la violencia indescriptible de este régimen. Pero esta epistemología de la diferencia sexual, con la cual el psicoanálisis freudiano trabaja, más allá de la crítica, les digo, ha entrado en crisis después de la segunda guerra mundial. Y puede ser –no estoy seguro de hecho– si ustedes son totalmente conscientes que esta epistemología de la diferencia sexual, con la cual ustedes continúan trabajando, está hoy en crisis. Está en una profunda crisis desde los años 40.

La politización de subjetividades, de cuerpos considerados como abyectos en esta epistemología, la organización de movimientos de lucha por la soberanía reproductiva y política del cuerpo de las mujeres y por la des-patologización de la homosexualidad, como también la invención de nuevas técnicas de representación de estructuras bioquímicas de la vida, va a conducir a una situación sin precedentes después de los años 40. Los discursos médicos y psiquiátricos parecen tener cada vez más dificultades, desde los años 40 del último siglo, para enfrentar la aparición de cuerpos en los cuales no se puede inmediatamente asignar un sexo femenino o masculino en el nacimiento.

Con las nuevas técnicas cromosómicas y endocrinológicas, y la expansión de la medicalización del parto, cada vez más bebés, antes llamados hermafroditas, aparecen. De cara a estos bebés, la comunidad científica-médica inventó una nueva taxonomía. El psiquiatra de niños John Money, trabajando en la Universidad John Hopkins de Nueva York, deja de costado la noción moderna de sexo, como realidad anatómica, e inventa la noción de género, para hablar de la posibilidad de producir técnicamente la diferencia sexual. Las nociones de intersexualidad, transexualidad, aparecen también entre 1947 y 1960. Por primera vez, la medicina y la psiquiatría realizan con esfuerzo la existencia de una multiplicidad de cuerpos y de posiciones sexuales más allá del binario. Pero, en lugar de cambiar la epistemología, la institución médica, psiquiátrica, psicológica, decide modificar los cuerpos, normalizar la sexualidad, rectificar las identificaciones.


Quisiera compartir, hoy, con ustedes, la hipótesis según la cual todo el psicoanálisis lacaniano, que nace precisamente después de los años 40, su re-lectura de Freud, su rodeo por la lingüística, es ya una primer respuesta a esta crisis de la epistemología de la diferencia sexual. Creo que es posible decir que Lacan intentó, como John Money, des-naturalizar la diferencia sexual; pero, como John Money, terminó por producir un meta-sistema que es casi más rígido que la noción moderna de sexo y diferencia anatómica. En el caso de John Money este meta-sistema introduce la gramática del género, pensada como construcción social y endocrinológica. En Lacan, este meta-sistema –y ustedes lo saben mucho mejor que yo– no es tampoco anatómico, es más bien aquel del inconsciente estructurado como un lenguaje, pero, como en el caso de John Money, se trata de un sistema de diferencias que no escapa –desafortunadamente– al binarismo sexual y a la genealogía patriarcal del nombre.

Mi hipótesis es que Lacan no logró des-hacerse del binarismo sexual, a causa de su fijación/apego político al patriarcado heterosexual. Esa des-naturalización está conceptualmente en marcha; pero Lacan, él mismo, no estaba listo.

A partir de 1960, con la comercialización de la pastilla anticonceptiva, después con la des-patologización de la homosexualidad, la epistemología de la diferencia sexual entra en un proceso de cuestionamiento y de mutación imparable. Hoy sabemos que un bebé cada cuatrocientos es identificado como intersexual. No puede ser reconocido en los géneros ordinarios. En el curso de los últimos veinte años, los niños que han sido operados o tratados como intersexual, se han organizado para pedir el fin de la mutilación genital y los procesos de reasignación forzada. Al mismo tiempo, que cada vez más los cuerpos comienzan a identificarse como no-binarios. A modo diferente de Estados Unidos, pero también en Argentina, como ustedes lo saben, o en Australia, se reconoce hoy los géneros no binarios como una posibilidad política.

Tengo el placer también de contarles que hace apenas unas semanas, mi amiga y colega, Judith Butler, se ha inscrito en el registro de estado civil de California como persona de género no binario. Las identificaciones de heterosexualidad, homosexualidad, pensadas en relación con la capacidad reproductiva de los cuerpos de sexo opuesto, parecen cada vez más obsoletas, de cara a la multiplicidad de técnicas de gestión de la procreación asistida. No sólo la pastilla anticonceptiva o la pastilla del día después, pero también paternidad transexual, (…), gestación por otro, externalización del útero, etc.

La epistemología de la diferencia sexual está en plena mutación. Asistimos a un proceso de transformación en el orden de la anatomía política y sexual, comparable a aquel que ha llevado al pasaje de la epistemología geocentrada a la epistemología heliocéntrica copernicana entre 1510 y 1730.

En los años próximos, deberemos elaborar colectivamente una epistemología capaz de rendir cuenta de la multiplicidad radical de vivientes, que no reduzca los cuerpos a su fuerza reproductiva heterosexual, y que no legitime la violencia hétero-patriarcal y colonial.

Cuando hablo de una nueva epistemología me refiero a iniciar un proceso de ampliación radical del horizonte democrático, para reconocer como sujetos políticos todo cuerpo humano vivo, sin que la asignación sexual o de género sea la condición de posibilidad de este reconocimiento, social o político.

Vivimos un momento –me gustaría transmitírselos hoy– de una importancia histórica sin precedentes. La violenta epistemología de la diferencia sexual puesta en cuestión por el movimiento feminista, homosexual, intersexual, transexual, queer, y secundado igualmente por la confrontación de nuevos datos científicos, está en tránsito de cambiar. Estos procesos de cambios de este paradigma científico y político conducirán al reconocimiento, en tanto que sujetos políticos soberanos, de todo un conjunto de cuerpos que hasta ahora habían sido marcados como políticamente subalternos.

En este contexto de transición epistémica, honorables miembros de la academia de psicoanálisis de Francia, y de la L’Ecole de la Cause Freudienne, ustedes tienen una enorme responsabilidad. Ustedes tienen… y tienen que saberlo… en qué lado quieren colocarse. Si quieren permanecer del lado de este discurso patriarcal y colonial, y re-afirmar la universalidad de la diferencia sexual y de la reproducción sexual, heterosexual; o entrar, con nosotros, los mutantes de este mundo, en un proceso crítico de invención de una nueva epistemología. Permitiendo la re-distribución de la soberanía, el reconocimiento de otras formas de subjetividad política. [Aplausos]

Ustedes no pueden recurrir –ya termino–… ustedes no pueden recurrir cada vez a los textos de Freud y de Lacan como si estos tuvieran un valor universal, no situado históricamente; como si este texto no hubiera sido escrito al interior de esta epistemología patriarcal de la diferencia sexual. Hacer de Freud y de Lacan la ley es también absurdo, como pedirle a Galileo de retornar a los textos de Ptolomeo o a Einstein de seguir pensando desde la física de Aristóteles.

Hoy los cuerpos, otras veces excluidos del régimen de la diferencia sexual, hablan y producen un saber sobre ellos mismos. Los movimientos transfeministas, me tooni una menos, operan una transformación crucial.

Ustedes no pueden seguir hablando del complejo de Edipo o del nombre del padre, en una sociedad donde las mujeres son objeto de femicidios; donde las víctimas de la violencia patriarcal se expresan por denunciar a sus padres, maridos, jefes, novios; donde las mujeres denuncian la política institucionalizada de violación; o donde millones de cuerpos bajan a las calles para denunciar agresiones homofóbicas, y las muertes, casi cotidianas, de mujeres trans, así, como de las formas institucionalizadas de racismo. No pueden más seguir afirmando la universalidad de la diferencia sexual y la estabilidad de las identificaciones heterosexuales y homosexuales en una sociedad donde es legal cambiar de sexo, donde podemos identificarnos, como personas de género no binarias; en una sociedad donde hay ya millones de niños nacidos de familias no heterosexuales y no binarias. Continuar practicando el psicoanálisis, utilizando la noción de diferencia sexual y con instrumentos críticos como el complejo de Edipo, sería hoy tan aberrante como pretender continuar navegando en el universo con un mapa geocéntrico ptolemaico o controlar los cambios climáticos, o afirmar que la tierra es plana. [Aplausos] 

Hoy… –sí, ya sé, ya termino–… hoy, mis queridos amigos psicoanalistas, es más importante escuchar los cuerpos excluidos por el régimen patriarcal colonial, que releer Freud y Lacan. No se refugien en los padres del psicoanálisis. Vuestra obligación política es cuidar a los niños, no la de legitimar la violencia de los padres. Ha llegado el momento de sacar el diván a la plaza y de colectivizar la palabra, de politizar el inconsciente. 

Nos enfrentamos a una nueva alianza necropolítica del patriarcado colonial y de nuevas tecnologías farmacopornográfica. Sin ninguna duda, ya estamos enfrentados a una nueva farmacolonización creciente, (…), a una mercantilización de la industria del cuidado. 

[Silbidos… lo llaman: “Paul…”] Sí, pienso que es necesario que pare. [Risas, aplausos] 

La última cosa. Creo que la tarea que nos resta por hacer es comenzar un proceso de des-patriarcalización, des-heterosexualización y de-colonización del psicoanálisis. [Aplausos] (…) un psicoanálisis mutante alrededor de esta mutación de paradigma. Quizás sólo este proceso de transformación, por más terrible y desmantelante que les parezca, merezca hoy, de nuevo, llamarse psicoanálisis.


16 may 2020

Crónica del manicomio – Miedo o melancolía



Alguien ha calificado de melancólicas las calles vacías durante el mes de abril. No estoy muy de acuerdo. Aunque lógicamente en esta valoración juega lo que cada uno entienda por melancolía y su particular sensibilidad al respecto.
Yo, por mi cuenta, a la melancolía siempre le pongo una miaja de ruina y una brizna de antigüedad. Y esos días las calles desiertas de Valladolid no tenían nada de eso. Estaban totalmente presentes y cargadas de realidad. Sólo tenían extrañeza, soledad y una inexplicable detención del tiempo que daba miedo. Pasear por ellas era como nadar en altamar.
Para resaltar la diferencia lo puedo comparar con una imagen plenamente melancólica de la ciudad. Por ejemplo, con la curiosidad de oír desde los barrios el pitido del tren a lo lejos, tal y como sucedía hace bastantes años. Se escuchaba los días de lluvia, cuando soplaba aire del Sur. Paseabas por la Plaza Mayor y de repente sonaba con toda claridad el largo lamento de una locomotora de vapor o la disnea agobiante de una máquina a punto de arrancar. Anunciaban que alguien llegaba o se marchaba en la Estación del Norte, siguiendo esa huella inquietante de infinito que dibujan los raíles en el suelo. Un silbido triste, pero cargado de ilusión o añoranza, te sorprendía junto a las tiendas y los portales del centro. Va a llover, te anunciaba enseguida algún peatón experto. Pues el mundo está lleno de sabios que conocen todo con antelación suficiente.
La melancolía es un acompañante fiel pero el miedo es mal compañero y peor consejero. Todos los vicios y desmanes de las personas provienen del miedo. Con miedo, el otro es una amenaza que nos escruta y nos dedica su escarnio en cada momento. Ante el miedo los amigos no son un bien natural sino una suerte de recluta social para defendernos. Las calles de abril eran calles de miedo. No se veía a nadie, pero se sabía que algunos habitantes estaban ocultos y te observaban al pasar, como cuando llegas a un poblacho solitario de Castilla y observas que los visillos de las ventanas se mueven en silencio. Nadie te podía ayudar, en el supuesto de que lo echaras de menos o lo llegaras incluso a implorar. 
En el libro de Jean Delemeau sobre ‘El miedo en Occidente’, se habla del miedo al hereje, a Satán, al Anticristo, al Juicio Final, pero también y en lugar destacado se nombra la peste, la epidemia periódica y reincidente. Y aquí la tenemos entre nosotros, pero ahora con carácter universal: se acerca por Oriente, por Occidente, con el austro o con el viento septentrional. Por donde quiera que mires puede llegar. Su amenaza, además, tiene algo particular, como lo es que su peligro no se centre en alguien concreto sino que se extiende a cualquiera que se acerque. Hasta los amigos nos pueden enfermar. Todos somos hipotéticos contagiosos, caminantes ataviados con una mascarilla que quita el miedo tanto como lo da.


Fernando Colina
Norte de Castilla
15.5.20

9 may 2020

Crónica del manicomio – El cascabel




La suspensión de las competiciones deportivas, con motivo del intrépido virus-2020, ha impulsado como sustituto un juego general en el que participan miles de compatriotas con un entusiasmo adolescente. El juego se llama ‘Ponle el cascabel al gato’ y arrasa en las redes sociales, en los medios y en la poca calle que disfrutamos.
En esta época de video-juegos frenéticos hemos descubierto, según creo, un sustituto perfecto. Un juego que tiene los mismos alicientes de entretenimiento pero que se practica en espacio real y tiempo concreto. Consiste en aprovechar la incertidumbre sobre la maldad, la resistencia y el alcance de ese semianimal que nos infecta, para sacar pecho y convertirnos cada uno en una suerte de intendente general que subordina al resto. Cada cual se cree con el derecho a vocear y proponer sin vuelta de hoja la solución idónea para evitar la propagación de la enfermedad y la ruina consecuente. Sin embargo, este proceder no cursa de modo directo, sino que sigue la conocida estrategia del tobogán. Se anuncia a grandes gritos, se concreta luego con más peros y reparos de los que cabía esperar, y finalmente se delega su aplicación para que sea otro quien corra el peligro de acercarse al michino y ponerle el cascabel en su lugar. 
En este juego gatuno todo el mundo sabe lo que hay que hacer y todos corrigen airadamente al que ordena y lleva el mando, pero curiosamente, a la hora de la verdad, todos obedecen, olvidan el griterío inicial y corren a cumplir lo que se les dice. Incluso se quejan de que haya incumplidores que, guiados por el aluvión de dudas y críticas que han esparcido, les hayan creído por demás. 
Me dicen que en otros países este juego felino está prohibido o sencillamente no distrae ni despierta ningún atractivo. No creo mucho en estas diferencias nacionales. La presunción de que hacemos gala no me parece una cuestión mediterránea, latina o peninsular, sino un reflejo de la más universal de las realidades humanas: la tontería y la vanidad.
En medio de este juego, hay quien avanza que la pandemia es una buena ocasión para cambiar las cosas y retornar a un viejo ideal. Podemos darlo por bueno, como sucede con cualquier fantasía inesperada, pero para creer en esta posibilidad necesitamos ver que se aborda ya con otros argumentos, otros gestos y hasta otras caras. Y de momento vemos la misma actitud, los mismos nervios y semejante codicia. La medicina antigua valoraba la crisis de un enfermo como una bifurcación donde se elegía el camino de la muerte o el premio de la curación. Las crisis no eran malas en sí mismas. Algunas ayudaban a corregir y a mejorar los defectos. De momento, para orientarnos sobre el resultado final de la nuestra, sólo disponemos del video-juego referido y, salpicado de cuando en cuando, algún ejemplo extraordinario de sensatez y valor.


Fernando Colina
Norte de Castilla
8.5.20




5 may 2020

Crónica del manicomio – La proximidad



Sucede a veces que, de improviso, algunas palabras corrientes adquieren un protagonismo especial. La de ‘proximidad’ en estos momentos se impone, nos rodea y nos proporciona en su interior una suerte de confinamiento verbal. Desde hace varias semanas todo trascurre en proximidad. 
En este ambiente de estrecha cercanía muchos se encuentran como pez en el agua, y disfrutan teniendo a la gente cerca y yendo por la vida en grupo para combatir la amenaza siempre presente de soledad. Otros, en cambio, viven horrorizados bajo la presión y el peligro de sentir a los próximos tan cerca de continuo, como si, bastante antes que lo pueda hacer el virus anóxico, ya les faltara el aire para respirar. Algunos, incluso, seguro que sueñan con infectarse para por fin escapar de casa y cambiar de aires, aunque sea bajo el oxígeno de un hospital. Hasta ese punto lo exige su agobio y ese pellizco autodestructivo que todos guardamos en la faltriquera mental.
La función de proximidad va a ser un parámetro importante en el registro de la convivencia futura. De momento, divide a la gente con un criterio inédito. Unos, los llamados convivientes –palabra también rescatada del desuso–, viven con derecho a contacto y a una métrica corta y epidérmica. El resto, los sinvivientes –palabra desconocida, pero por otra parte exacta–, permanecen a uno o dos metros de distancia. Las consecuencias de este espaciamiento bimétrico, en caso de que se prolongue mucho, no sólo está llamado a modificar nuestros hábitos sociales sino que se proyectará también en la intimidad, en el corazón de cada uno. En el libro de la vida la piel es nuestra página principal, y sin que los demás la tienten será difícil incluirlos en nuestra novela personal. Sin tacto no hay escritura, pues nadie escribe sobre nosotros, y sin escritura no hay intimidad real. Sin tacto no hay amor, suscribieron los antiguos. Qué hayan de ser los amigos a uno o dos metros, eso está por ver. No hay precedentes en que nos podamos apoyar. 
Si el nuevo juego de proximidad y distancia ha de tener importancia en el trato con las gentes, también tendrá su reflejo en nuestra relación con la realidad. Las grandes distancias puede que queden reducidas a la realidad virtual, y las cortas a la realidad material. La globalización se desarrollará probablemente con instrumentos digitales, algoritmos y visión empantallada, mientras que los desplazamientos físicos de los individuos, sea por ocio, por trabajo o por simple capricho, lo harán bajo un criterio de proximidad. La movilidad será más contenida y escasa. Volverá a ser absurdo coger el avión para ir a todas partes o dar la vuelta al mundo confinados en el casco de un navío. Amigos de proximidad, comercio de proximidad, viajes de proximidad. Esta es la cantinela que ya nos empiezan a facturar y que pronto despertará nuestras ansias de tener y comprar.

Fernando Colina 
Norte de Castilla
                                                                                                                            1.5.20

22 abr 2020

Editorial La Revolución Delirante




Tras bastantes meses sin actividad en este blog, las polillas nos disponemos a reactivar este espacio de comunicación y encuentro.

Empezamos hoy, con el anuncio de la reciente creación de nuestra pequeña editorial La Revolución Delirante. Este proyecto es heredero de los distintos encuentros de formación que hemos ido teniendo en los últimos años con muchas personas interesadas en la psiquiatría crítica. 

Pretendemos facilitar el acceso a conocimientos independientes, de calidad y que ayuden a los profesionales de la salud mental –y todos los ciudadanos interesados– a formarse con rigurosidad,  plantearse preguntas y alejarse de los dogmas teóricos que encierran y homogeneizan los distintos modos de ser de las personas por el simple hecho de sufrir.

En este orden de cosas, contamos ya con dos libros publicados, de los que damos cuenta mediante esta entrada. Esperemos verlos pronto en las librerías. Esperemos que os gusten. Esperemos poder entrar pronto en las librerías.

Un abrazo, polillas



Foucaultiana, Fernando Colina, 
Editorial La Revolución Delirante, 2019.



La obra de Michel Foucault (1926–1984) gravita sobre la concepción y las prácticas de la psiquiatría. En este libro se estudia su pensamiento y su repercusión en tres dominios de la salud mental: la locura, la sexualidad y la subjetividad.
Estudioso de la historia de la locura, crítico del poder psiquiátrico, avanzado exponente de las nuevas sexualidades e investigador pionero de la historia de la subjetividad, su influencia es notoria y creciente en el seno de la psiquiatría crítica.
Figura controvertida, su estímulo transgresor y provocador ha oficiado como una inspiración constante para quienes, ante todo, conciben la disciplina como un proyecto de emancipación y libertad.




La Reforma Psiquiátrica, Manuel Desviat, 
Editorial La Revolución Delirante, 2020.




Este libro recogía, en su primera edición de 1994, los orígenes, intenciones y aportaciones estratégicas de la Reforma Psiquiátrica española. Se añadían, además, datos relevantes de experiencias antimanicomiales y comunitarias de otros países. 
La revisión actual permite añadir el recorrido de estos últimos veinticinco años. El autor se ve obligado, entonces, a reflexionar con más recorrido sobre los límites de la citada Reforma, sus éxitos, sus fracasos y las nuevas encrucijadas que han ido surgiendo.
La Reforma Psiquiátrica es una lectura que puede ayudar en el debate actual sobre la salud mental comunitaria, las fórmulas de asistencia que se diseñan desde las instituciones y la continuidad de la atención. Se hace imprescindible pensar sobre ello, máxime en un sistema sanitario y social tan amenazado por intereses gremiales y privatizadores.








8 abr 2019

Presentación VIII Jornadas La Revolución Delirante



Con la emoción aún de nuestro encuentro, queremos compartir la emocionante presentación de las Jornadas que acabamos de disfrutar. La firman tres de las polillas más jóvenes: Jessica Molina, Irene Abad y David González.
Aprovechamos para agradeceros la ilusión, fuerza, crítica y ganas de cambio que nos habéis hecho respirar estos dos días. 
Ponentes y participantes, habéis sido una inyección de fuerza para seguir adelante.

Sabemos que mucha gente se ha quedado fuera, algo que lamentamos profundamente, por lo que prometemos ampliar aforo para la siguiente edición.

Gracias de nuevo.
Un fuerte abrazo.
A por ellos,

Las polillas organizadoras



Presentación VIII Jornadas La Revolución Delirante
Valladolid, 5 de abril de 2019


Hola a todos y todas, bienvenidas a las VIII jornadas de la Revolución Delirante.

Para las que estamos en esta mesa es nuestra primera vez organizándolas y nos ha tocado hacer esta breve presentación. Es un orgullo para nosotras formar parte de este movimiento que entendemos que sigue manteniendo, 8 años después de su nacimiento, la misma vigencia y necesidad que el primer día. Recogemos el testigo de grandes profesionales que han sido y siguen siendo un referente para nosotras, que tanto con su discurso como con su ejemplo nos han animado día a día a reflexionar críticamente sobre nuestra profesión y a desvelar los elementos de violencia que la institución oculta y normaliza, y que es necesario cuestionar permanentemente.

Ellas siempre nos han enseñado que antes del tratamiento está el trato. Y eso no puede quedarse solo en una frase bonita.  Es lo que buscamos, lo que exigimos, lo que debería ser. Creemos en una psiquitatría diferente, pero no solo eso, en un mundo diferente. Porque no es posible desarrollar a nivel global una psiquiatría que tenga en cuenta a las personas en una sociedad en la que los individuos son valorados en función de su productividad y en la que se alienta la individualidad más feroz y la pérdida de todos los vínculos que nos sostienen en la salud. Actualmente (y en realidad desde su nacimiento) la psiquiatría actúa como un mercenario de este régimen, medicalizando el sufrimiento que éste produce al mismo tiempo que lo transforma en beneficios millonarios en forma de pastillas e inyectables, vigilando los cuerpos y las mentes, prescribiendo la normalidad y sus límites. Se nos quiere hacer creer que los manicomios ya se han cerrado, pero en cierta manera siguen más presentes que nunca, solo que han cambiado unos muros por otros: ahora hechos de palabras, diagnósticos y neurolépticos. No nos tragamos las pretendidas nuevas psiquiatrías que, con la excusa de lo asertivo-comunitario, tienen a las pacientes más vigiladas que nunca, con una preocupante proliferación de unidades, residencias, viviendas tuteladas… que funcionan como dispositivos foucaultianos de control, vigilancia y castigo, panópticos del siglo XXI.

El rechazo a este sistema neomanicomial es lo que nos une año tras año en estas jornadas. Sabemos que, como profesionales, somos cómplices de este sistema y precisamente por eso es importante dirigir la mirada al interior, a nuestra propia práctica, y no sólo a instancias lejanas en cuya crítica muchas veces nos acomodamos en un discurso derrotista que en cierta medida nos elude de la responsabilidad que nos toca. Por eso este año hemos decido cambiar el planteamiento habitual y pasar de la teoría a la práctica, que las palabras no se queden aquí sino que surtan efecto en la vida de las personas que acuden a nosotras. Por ello, como sabéis, después de esta presentación nos dividiremos en seis grupos de trabajo, en cada uno de los cuales reflexionaremos sobre distintas realidades que atraviesan el campo de la salud mental, dando cuenta de la interseccionalidad irreductible de los sistemas de opresión, entre el que se encuentra el que ejercemos contra las personas con sufrimiento psíquico o, como lo llama un habitual de estas jornadas, el cuerdismo. Cada uno de estos grupos está identificado con un color que se corresponde con las chapas que os hemos entregado en la entrada.

Así, las polillas moradas hablarán sobre feminismo, porque nunca ha sido lo mismo estar loca que estar loco, porque nos siguen llamando locas del coño cuando nos comportamos de forma insumisa al sistema heteropatriarcal, histéricas cuando incomodamos al psiquiatra machito de turno. Porque la revolución será feminista o no será. Las polillas naranjas hablarán sobre las familias porque, aunque sabemos que éste es uno de los ámbitos donde se ejercen y reproducen todas las violencias del sistema, también es uno de los pocos lugares seguros que resisten en el individualismo asolador que promueve el neoliberalismo, uno de los últimos refugios que nos queda. Porque la revolución incluirá y transformará a las familias, o no será. Las polillas verdes hablarán sobre farmacología crítica, porque es necesario deconstruir el discurso biológico que identifica sufrimiento con enfermedad y curación con fármaco, sin renunciar a los beneficios que estos puedan producir, pero sin convertirlos en el centro de nuestra práctica. Porque la revolución será antibiologicista o no será. Las polillas amarillas hablarán sobre contenciones, simplemente porque la tortura no es tolerable y la revolución respetará los derechos humanos o no será. Las polillas azules hablarán sobre lenguaje, porque sabemos que las palabras hacen cosas, pueden encadenar y pueden liberar, pueden aliviar pero también hacer sufrir, son poderosas y un campo de batalla que debemos disputar. Porque la revolución cambiará el discurso o no será. Finalmente, las polillas rojas hablarán sobre cómo queremos organizarnos para conseguir todo esto, porque la revolución o la hacemos nosotras (profesionales y pacientes) o no será.

Por la tarde, y después de una pausa para comer, tendrá lugar nuestro particular estadío del espejo, la mesa en la que las supervivientes de nuestras prácticas nos dan las lecciones de las que (al menos nosotras) más hemos aprendido en todas las ediciones de estas jornadas. Lecciones que nos sacan los colores, nos sacuden la mente y nos hieren en ese orgullo narcisista tan peligroso y tan difícil de mantener deshinchado, hay que hacer cierto desmantelamiento, una Inspección Técnica de Egos, al menos, anual. Hay quien no soporta esta herida narcisista y dice que somos muy exageradas, histéricas y charlatanas, libertinas radicales, peligrosas bolcheviques. Y menos mal que lo dicen, porque triste revolución la que no abre heridas. Triste el feminismo que no incomoda a los hombres, triste la revuelta que no provoca al menos una sombra de miedo en los patrones, triste el orgullo que no pone nerviosos a los cisheteros. Triste delirio si deja indiferente a los cuerdos y su policía. Y esos somos nosotros, a veces se nos olvida. Que no somos las protagonistas de esta revolución, sino el enemigo a derribar. Somos, como mucho, cómplices, topos, infiltradas, espías, saboteadoras, ludditas de la maquinaria psiquiátrica. Así que toca callarse y escuchar las voces de las que escuchan voces. Porque la revolución será delirante o no será.

Pero tranquilas, no todo va a ser sufrimiento. Hoy es viernes y sabemos que las polillas somos seres nocturnos, más aún cuando nos juntamos en enjambre. Este año, por problemas de organización, no tenemos un local fijo donde reunirnos por la noche, pero podréis vernos revolotear alrededor de unos tragos si vais por la zona de la catedral o la plaza de cantarranas, nuestro hábitat natural también el resto del año y donde estáis invitadísimas a compartir con nosotras risas y algo de locura. Porque si no se puede bailar, no es nuestra revolución.

Por último, al día siguiente y esperamos que sin mucha resaca, nos juntaremos aquí de nuevo las polillas de todos los colores para poner en común lo hablado, elaborado, trabajado y sentido el día anterior, intentando trazar una cartografía que guíe nuestros pasos, una estrategia para librar las batallas que están por venir, un conjuro para convocar a las brujas que aún no están aquí y construir entre todas un aquelarre global. A ver si así la herida de la que hemos hablado crece y se hace grieta en el muro, temblor en el manicomio, fallo en el dispositivo, error en la matrix.

La revolución ha comenzado. ¡Viva la revolución!

13 ene 2019

Pido perdón – Crónica del manicomio




Sacar conclusiones pesimistas del trabajo que ha ocupado tu vida puede resultar superfluo. Eso sin descartar la posibilidad de que, cuando son negativas, como las que manejo, se convierta en algo inoportuno y hasta un tanto sospechoso. Es difícil justificar no haberlas esgrimido antes, en vez de hacerlo ahora, cuando ya no tiene remedio. En mi descargo cabe recurrir a la idea de que lleva tiempo alejarse de las cosas para poder observarlas desde lejos. 
Visto con el cristal de aumento que proporciona el tiempo, lo primero que observo es la obligación de pedir perdón a todos los pacientes que he atendido e intentado ayudar a los largo de los años. Especialmente a aquellos más graves, más locos o más ajenos a la realidad convencional. Primero, por tratarlos muchas veces como enfermos, sin darme cuenta, a su debido tiempo, que no eran más que personas que habían tenido una subjetivación precaria, una construcción de su identidad frágil y delicada. En vez de considerarlos como ciudadanos que repentinamente han cogido una enfermedad, como quien se coge una pulmonía o una neuralgia, tenía que haberlos enjuiciado simplemente como sujetos con dificultades para vivir que, a lo sumo, necesitaban acompañamiento técnico y cierto tipo de amistad profesional.
En segundo lugar, me cabe pedir perdón por no haber advertido que lo más complicado es no hacer daño cuando clasificamos a los locos, los medicamos o, mal que nos pese, los internamos. El conocido aforismo acerca de que lo primero es no dañar, en nuestro campo es lo primero, lo segundo, lo tercero y hasta lo cuarto. Con un psicótico lo más delicado es no hacerle daño. Incluso cabe decir que no hay que hacer nada más. Tarea tan compleja, aunque invisible, que hay que llegar a retirarse para caer en la cuenta de su exclusiva importancia y de su dificultad. De hecho, creo que sólo puedes reconocerlo cuando ya no tienes ocasión de estropearlo. Al menos ese es mi caso.
Es triste, aunque contiene algún elemento sublime, que la experiencia profesional se reduzca a esto. Pero me cabe el consuelo, un tanto paradójico, de que todas aquellas veces en que fallé como médico tradicional, buscando la etiología y la clínica de una supuesta enfermedad mental, fue el momento en que mejor enfoqué la realidad. La vida tiene, cuando le viene en gana, concesiones contradictorias, como lo es el hecho de que uno acierte cuando falla más.
En cualquier caso, estas explicaciones que nadie me ha pedido, son conclusiones intempestivas, sin destinatario conocido, que sólo repercuten en uno mismo. Al final de ‘El guardián entre el centeno’, Salinger pone en boca de su protagonista, Holden Caulfield, una recomendación subyugante: «No cuenten nunca nada a nadie. En el momento en que uno cuenta cualquier cosa, empieza a echar de menos a todo el mundo». Yo no debería haber contado esto.


Fernando Colina
Crónica del manicomio
Norte de Castilla
1201–2019

29 ene 2018

He tenido un sueño - Crónica del Manicomio



"I have a dream."
Martin Luther King Jr.

He tenido un sueño. Soñé con que los funcionarios de la Psiquiatría ya trabajaban sin necesidad de diagnosticar la locura. Entendían el sufrimiento mental de los hombres, en especial el más intenso y profundo, sin pensar en enfermedades y sin utilizar esos sucedáneos, solo en apariencia inocuos, que son los síntomas, los síndromes o los trastornos.
Soñé que los profesionales de la salud mental conocían a sus pacientes mediante clasificaciones que catalogaban personas y no enfermedades, como se hace habitualmente con los amigos, los parientes, los políticos o los obreros. Y hacían porque aspiraban a comprenderlos, no porque se tratara de portadores de enfermedades mentales que necesitaban ser codificados, rebautizados e inscritos en los registros de parias y hombres enloquecidos. Y soñé que daban ese paso decisivo imprescindible para el buen hacer terapéutico, al reconocer, definitivamente, que las cadenas de la locura ya no eran las correas de los manicomios, ni las contenciones de los hospitales, ni los pisos asilares, sino los efectos tiránicos de los discursos técnicos.
En mi sueño se ayudaba a las personas a superar su sufrimiento, que es lo que necesitan, sin obligarlas a salir de los despachos con un diagnóstico entre las manos. Los profesionales habían comprendido al fin, que diagnosticar a los sufridores, a las víctimas de Dionisio o a los más infelices, era como colgarles un sambenito inquisitorial cosido a sus ropas, con el que debían pasear, acudir al médico y presentarse en sociedad cuando no les quedaba otro remedio. Todo transcurría en un tiempo en que los propios afectados exigían, de pleno derecho, que no se les diagnosticara, que se suprimiera la endiablada obligación de hacerlo entre psicólogos y médicos. Entre facultativos que, dicho sea de paso, parecían disfrutar con el encargo, como si con ello su profesión se sintiera legitimada y ellos mismos obtuviera con esa potestad la impresión de estar completos.
Soñé que, por todos estos cambios, pronto nadie creería ya que los psicóticos fueran seres enfermos, sino que los considerarían, más bien, como un conjunto de hombres singulares, como un grupo de sujetos igual que tantos otros, pero nunca más como un atajo de pacientes. 
Soñé y desperté a las puertas de un prólogo. En el preámbulo de un gran cambio, cuando todos los hombres convivirán sin separarse, dividirse y discriminarse. Entonces se volverá casi imposible diferenciar locura y cordura, los psiquiatras serán amigos de los locos y harán las paces entre ellos mismos. En esta tierra prometida, es seguro que ya no habrá más incapacitaciones, ni tratamientos involuntarios, ni electrochoques, ni psicoeducación. Y es probable que, cuando recuerden su pasado, sientan vergüenza por lo sucedido.

Fernando Colina
Crónica del manicomio
Norte de Castilla
20-01-2018

28 mar 2017

Asociación Caleidoscopio, Valladolid


Os adjuntamos el texto de presentación de la «Asociación Caleidoscopio», pionera en el movimiento independiente de usuarios de salud mental en Castilla y León.



La asociación Caleidoscopio, asociación formada única y exclusivamente por usuarios con algún tipo de malestar psíquico, fue establecida como tal, hará ahora, aproximadamente un año, y es la única en Castilla y León conformada, como ya se ha dicho, solamente por usuarios de éste colectivo.
La idea de constituirla surgió por primera vez entre las bambalinas de Radio Nacional de España por parte del programa “Fuera de la Jaula” y del Centro de Intervención Comunitaria, nos lo sugirieron a los miembros del mismo. Igualmente, miembros de la asociación “La Revolución Delirante” nos ayudan en este laborioso comienzo.
Desde su nacimiento y hasta ahora el principal cometido de Caleidoscopio, ya que todavía estamos empezando, es como está estipulado en sus estatutos, el Apoyo Mutuo, labor que entendemos, es y debe ser el pilar fundamental desde donde se erijan y florezcan las futuras acciones y actividades de nuestra asociación.
Igualmente, y aunque sea de sentido común, también y al mismo tiempo son base  primordial, además de norma en Caleidoscopio, la educación, el respeto, y las buenas formas entre los miembros, independientemente de su sexo, raza, religión,edad, orientación sexual, estrato social, lugar de origen, nivel cultural o cualquier otro aspecto que pueda ser suceptible de discriminación y/o causante de malestar en la persona y en sus múltiples y diversos aspectos como tal.
Ahondando en el aspecto del Apoyo Mutuo, queremos enfatizar que entendemos, que el hecho de estar o haber pasado por experiencias muy similares, aún teniendo en cuenta la generalidad de éstas, da un punto de comprensión, que sin por supuesto, desdeñar otros puntos de vista y entendimientos no ajenos al malestar psíquico, es, como ya decíamos antes, pilar imprescindible para la ayuda tanto del prójimo como de uno mismo.
Otro punto a destacar en nuestro ideario es la divulgación de la información respecto a la salud mental, para que se pueda comprender sin miedos ni prejuicios la realidad de esta, y además incidir activamente en la prevención del malestar psíquico.
También, desde Caleidoscopio, queremos defender :
-        Calidad de vida (intervención de Carlos sobre este tema en la charla)
-        Establecer un debate entre el uso de las medicaciones
-        Potenciar la autonomía
-        Entender que el hecho de fundar y gestionar esta asociación nos valida y legitima ante nosotros mismos y los demás, que por nosotros mismos y sin intermediarios, podemos llevar a cabo proyectos y, por supuesto, las riendas de nuestra vida para conseguir objetivos.
-        Proteger la privacidad del paciente y la dignidad personal.

No queremos terminar esta pequeña presentación sin antes daros las más sinceras gracias de parte de todos los miembros que formamos Caleidoscopio.


Contacto: caleidoscopiovalladolid@gmail.com